Cuatro de las cinco colonias de cría de pingüinos emperadores conocidas en el mar de Bellingshausen colapsaron en una sola temporada reproductiva en 2022: miles de polluelos se congelaron o ahogaron antes de desarrollar plumas impermeables. Aquella catástrofe, resultó ser, no fue una anomalía. Fue un anticipo.
El 9 de abril de 2026, la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza elevó el estado del pingüino emperador en la Lista Roja de «Casi Amenazado» a «En Peligro» —a una sola categoría de Extinto en Estado Silvestre—. El lobo fino antártico recibió la misma reclasificación de forma simultánea. En ambos casos, la acelerada pérdida de hielo marino fue citada como el principal factor determinante.
La decisión no fue controvertida. Los estudios satelitales realizados por la UICN y BirdLife International muestran que la población mundial de pingüinos emperadores se redujo aproximadamente un 10% entre 2009 y 2018 —una pérdida de más de 20.000 ejemplares adultos sobre una base estimada de 270.000 a 280.000—. Los modelos climáticos proyectan que la población se reducirá a la mitad para la década de 2080 bajo las trayectorias de emisiones actuales.
“Los modelos climáticos proyectan que la población se reducirá a la mitad para la década de 2080 bajo las trayectorias de emisiones actuales.”