La noche en que Rusia desplegó 9.360 drones kamikaze en una sola salva matutina —una de las cifras más altas en un solo día durante toda la guerra—, sus fuerzas terrestres avanzaron menos de un kilómetro y medio en territorio ucraniano. Esa brecha entre la masa aérea y el resultado territorial es ahora el rasgo definitorio de la campaña rusa de primavera de 2026, y le está costando a Moscú de maneras que los recuentos de drones no reflejan.
La cifra de la salva del 19 de abril, extraída de los registros de defensa aérea ucraniana corroborados por el resumen operativo del Estado Mayor General, llegó un día después de que el Instituto para el Estudio de la Guerra publicara su evaluación más contundente de la ofensiva hasta la fecha. El mando ruso, concluyó el ISW, "probablemente está retirando fuerzas de las reservas estratégicas para mitigar la incapacidad continua de alcanzar objetivos operativos y plazos poco realistas". El instituto basó esta conclusión en un análisis de los movimientos de fuerzas rusas e identificadores de unidades rastreados entre el 25 de marzo y el 17 de abril.
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