El esfuerzo liderado por Estados Unidos para reabrir el Estrecho de Ormuz al comercio marítimo internacional adquirió el lunes dos nuevas dimensiones significativas: el Reino Unido confirmó que había autorizado a las fuerzas estadounidenses a utilizar bases militares británicas para llevar a cabo ataques contra objetivos iraníes cerca de la vía marítima, y Bélgica indicó que consideraría participar en una coalición naval multilateral para asegurar el estrecho, siempre que antes se estableciera un marco de alto el fuego.
La decisión del primer ministro Keir Starmer de abrir instalaciones británicas a las operaciones estadounidenses supone una escalada abrupta en el papel del Reino Unido en el conflicto. El Reino Unido cuenta con la presencia militar más relevante de la región fuera de las fuerzas estadounidenses: la Royal Air Force opera desde la RAF Akrotiri en Chipre, y cuenta con importantes activos navales con base en Baréin bajo el Mando del Componente Marítimo del Reino Unido. Ninguno de los dos gobiernos especificó qué bases o recursos estaban implicados, y no se emitió ningún comunicado operativo conjunto oficial, pero múltiples funcionarios británicos y estadounidenses confirmaron el acuerdo a periodistas de The Guardian y la BBC.