Rusia y Vietnam firmaron el martes un acuerdo intergubernamental para la construcción de la primera central nuclear de Vietnam, un trato que será ejecutado por Rosatom — la corporación nuclear estatal rusa y una de las pocas industrias rusas con competitividad global que sigue operando sin interrupciones frente a las sanciones occidentales. La planta, que se espera esté ubicada en la provincia de Ninh Thuận, en la costa centro-sur de Vietnam, constará de dos reactores VVER-1200 con una capacidad combinada de 2.400 megavatios. El primer vertido de hormigón está previsto para 2029, con una operación comercial proyectada para 2036 como mínimo.
El momento es deliberado. Rusia navega su cuarto año consecutivo de sanciones económicas occidentales integrales, y Rosatom se ha convertido en uno de los instrumentos más eficaces del Kremlin para construir relaciones alternativas con naciones no alineadas. A marzo de 2026, Rosatom tiene contratos de construcción nuclear activos en Bangladesh, Egipto, Turquía, India, China, Hungría y ahora Vietnam. Ningún otro proveedor nuclear — ni EDF de Francia, ni Westinghouse de Estados Unidos, ni KEPCO de Corea del Sur — tiene un portafolio comparable en el Sur Global. La estrategia política detrás de ese éxito comercial es sencilla: la infraestructura nuclear crea dependencias de entre 60 y 80 años. Un país que construye un reactor ruso se convierte, en la práctica, en un socio ruso a largo plazo por necesidad.