Veintinueve días después del inicio de la campaña militar de EE.UU. e Israel contra Irán, el conflicto no daba señales de reducirse. El viernes trajo una escalada significativa: por primera vez desde que comenzó la guerra el 28 de febrero, las fuerzas hutíes dispararon un misil balístico contra Israel. Las Fuerzas de Defensa de Israel interceptaron el misil sin heridos reportados, pero el ataque confirmó lo que los analistas habían advertido: el radio de acción de la guerra se estaba ampliando mucho más allá de las fronteras de Irán.
Durante la noche, ataques estadounidenses e israelíes apuntaron a una importante fuente de agua en Haftgel, en la provincia de Juzestán, en el oeste de Irán, hogar de parte de la infraestructura petrolera más crítica del país. El ataque al suministro de agua civil provocó la condena inmediata del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, quien lo calificó como una posible violación de las leyes del conflicto armado. La Media Luna Roja iraní, que ha estado registrando las bajas desde la primera noche de la campaña, cifró el número total de muertos en un mínimo de 1.900 personas hasta el viernes por la mañana.
El bombardeo del viernes fue uno de los más intensos desde el primer ataque. Se registraron explosiones simultáneas en el noreste, oeste, centro y este de Teherán, un patrón que analistas militares del Institute for the Study of War describieron como diseñado para saturar la coordinación de la defensa aérea iraní. El gobierno interino de Irán afirmó que sus defensas aéreas habían interceptado "la mayoría" de los proyectiles entrantes, pero observadores independientes reportaron cráteres de impacto significativos en los distritos residenciales de la capital.