Ninguna elección poscomunista en Hungría había superado jamás el 70% de participación antes del 12 de abril de 2026. A las 18:30 hora local, con 30 minutos aún por delante antes del cierre de los colegios electorales, la cifra oficial se situaba en el 77,8%. Batió un récord de 24 años y señaló que los votantes húngaros comprendían lo que estaba en juego: no solo 199 escaños parlamentarios, sino la arquitectura del propio Estado.
La contienda se redujo a Viktor Orbán, Primer Ministro y líder del partido nacionalista cristiano Fidesz, que buscaba su quinto mandato consecutivo y su decimosexto año seguido en el poder, frente a Péter Magyar, líder del Partido Tisza de centroderecha, quien construyó su movimiento en poco más de un año sobre un mensaje anticorrupción directo y explícito, apuntando al círculo más cercano de Orbán. Las encuestas preelectorales situaban a Magyar y a Tisza por delante, una reversión extraordinaria frente a un líder que rehízo el mapa electoral húngaro tras su supermayoría de 2010, redibujando distritos y reestructurando la propiedad mediática de formas que dificultaban estructuralmente las victorias de la oposición.
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