Dinamarca acudió a las urnas el 24 de marzo de 2026 en unas elecciones parlamentarias anticipadas que habrían parecido inimaginables hace un año — convocadas no por una crisis o un escándalo, sino por una primera ministra que apostó a que los votantes la recompensarían por plantarle cara al presidente de los Estados Unidos. La primera ministra Mette Frederiksen, cuyos socialdemócratas registraban apenas un 17% en las encuestas en diciembre de 2025, convocó las elecciones anticipadas en febrero tras el inesperado repunte que le generaron sus firmes y públicos rechazos a las reiteradas amenazas del presidente Trump de adquirir Groenlandia.
El contexto es extraordinario: durante más de un año, el presidente Trump ha barajado abiertamente la idea de que Estados Unidos se apodere de Groenlandia por la fuerza si fuera necesario, calificando el territorio autónomo danés de "esencial" para la seguridad nacional estadounidense. El gobierno de Dinamarca rechazó cada propuesta y movilizó a los aliados europeos en un frente diplomático coordinado. La apuesta parece haber dado sus frutos, al menos en términos electorales. Un sondeo de Megafon publicado la semana pasada situó a los socialdemócratas de Frederiksen en el 20,9% — una recuperación significativa impulsada casi en su totalidad por el pulso por Groenlandia.
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